lunes, 2 de marzo de 2009

¡Cumpleaños feliz!

Dentro de pocos días cumpliré 28 años, y como a mí me encanta celebrar mis cumpleaños, he decidido escribir sobre el tema.

A algunas personas, el día de su cumple es como un día cualquier, sin nada de especial. Hay gente incluso que no se lo menciona a nadie o tampoco lo celebra. Yo hago todo lo contrario: casi un mes antes de la fecha, empiezo a comentar con los amigos y hacer planes para celebrar no una, sino muchas veces.

Como mi novio cumple años hoy (o sea, 3 días antes que yo), el año pasado hicimos un viaje a Roma para celebrarlo, y lo pasamos genial. Fueran 4 días en la ciudad conociendo el Foro Romano, la Colina Palatina, El Panteón, la Piazza Navona, la Fontana de Trevi y mucho más – porque lo que no falta en Roma es sitios, plazas, iglesias y monumentos que visitar, y restaurantehs que probar (en Roma empezó mi “adicción” por la recula, que se come bastante allí, y el refuerzo de mi "adicción por los elados"…)En el Coliseo (9€ la entrada, pero ha merecido la pena) hicimos una visita guiada coordinada por una arquitecta que, además de contar detalles curiosos del local, nos ha recreado muy bien la historia y los personajes que pasaran por allí. Para que una visita guiada sea buena, el guía es fundamental, pero aún así lo recomiendo. Lo que no recomiendo es pagar para sacar fotos con los hombres vestidos de soldados romanos en la puerta del Coliseo – si te posicionas un poco más de lejos, y consigues ser algo discreto, tendrás una foto igual de buena, pero gratis…La visita al Vaticano fue curiosa: llovía mucho y además había muchísima gente.… Poco después de llegar, vimos una cola y, sin saber adónde íbamos a llegar, nos metimos en la cola. Total: entramos en un centro de conferencias inmenso, dónde la gente esperaba con mucha ilusión al Papa, que se presentaría en pocos minutos. ¡Fue un cumple santo!
4 días en Roma me parece el tiempo ideal para conocer la ciudad sin prisa, y también sin pérdida de tiempo. Hay que caminar bastante, porque los sitios turísticos están distantes uno del otro (aunque te vayas en un viaje organizado en autobús, el parking está lejos, así que lo más recomendado son zapatos cómodos, una botella de agua y disposición para sacar muchas fotos, porque lo que vas a ver merece la pena).Este año me quedaré en Madrid, pero lo voy a celebrar con algunas cenas, ida al cine, al teatro y comida con los amigos. Así que…¡Feliz cumpleaños para mí!

domingo, 22 de febrero de 2009

Carnaval de Brasil

Intento escribir en mi blog sobre temas los más variados posibles, pero el hecho de hablar de Brasil en dos posts seguidos tiene su explicación: ¡Es carnaval!

En mis anteriores años viviendo fuera de Brasil no eché tanto de menos al carnaval, pero este año si. Además, dos personas me han preguntando por qué se celebra tanto el carnaval allí, y yo sigo sin saber la respuesta. Estas dos “excusas” son suficientes para que comparta con vosotros un poco de cómo celebramos esta fiesta en mi país.

Carnaval hay en todos los sitios, pero en cada país se lo viven de manera distinta. En Brasil, la fiesta tiene lugar siempre 40 días antes de la pascua, y normalmente lo celebramos desde el viernes por la noche hasta el miércoles a las 12:00 del medio día. La mayoría de la gente pilla el jueves y viernes libre, y desfruta unos 9 días de fiesta y “locurón”.

Hay muchas maneras de celebrar el carnaval, pero la más famosa sin duda es la de los carnavales del Río de Janeiro. Las escuelas de samba, mucho glamour, mujeres con cuerpazos que desfilan y samban semidesnudas, percusión, mucha música y alegría: estas son algunas de las imágenes más difundidas por el mundo del carnaval de Brasil. Hay otro carnaval también muy famoso, el que se celebra en Salvador, dónde multitudes bailan y se divierten detrás de los tríos eléctricos mientras cantantes y músicos hacen sus presentaciones en cima de estos camiones que se mueven por las calles petadas de gente. Pero estos dos ejemplos no agotan, ni de lejos, las posibilidades de pasarlo bien y celebrar los carnavales en Brasil…

Cómo es un grande puente, la gente lo va a celebrar seguro, de una manera o de otro. Lo de ir al Río de Janeiro asistir a un desfile o desfilar en una de las escuelas es una posibilidad muy interesante, pero a la vez bastante cara. Yo, por ejemplo, solía ir a ver los desfiles de carnaval de mi ciudad (que eran bastante más modestos que los de Río, pero yo lo pasaba genial con mis amigos y todo el ambientazo que se montaba). El ambiente general del carnaval está muy relacionado a samba, playa, calor (tened en cuenta que estamos en pleno verano allí, a unos 40 grados de temperatura en buena parte de país), bebidas, “rollos” y a pasarlo bien.


Hay gente que le gusta celebrar el carnaval en plan más tranquilo, como alquilando una casa en la playa con los amigos, haciendo barbacoas, saliendo de camping o yendo a una casa en el campo. Pero la verdad es que es casi imposible, esté donde esté, no escuchar algo de samba, ver a personas disfrazadas por las calles y asistir a por lo menos una parte de algún desfile por la tele. Y también es imposible no contagiarse con la alegría y la diversión que emana el país en estos días.

Enfin, sigo sin saber por qué el carnaval de Brasil ha ganado las dimensiones que tiene hoy. Quizás por la belleza de sus fiestas, quizás por la locura que invade a las personas en estos días, quizás por las dos cosas a la vez. Lo que sé es que hay mil maneras de celebrarlo, y que este año lo echo mucho de menos…


martes, 10 de febrero de 2009

Un poco sobre la cocina de Brasil

Una de las cosas que más identifica un país, su cultura y su gente es la comida. Y no hay nada mejor que comer alimentos llenos de recuerdos, sensaciones y con un toque especial “porque esa comida la conozco muy bien”. Aun más si uno vive en otro país, comer “su comida” significa mucho más que solamente “comer bien”.

Conozco gente que come casi a diario la misma comida que tomaba en su país de origen. Estas personas descubren tiendas que exportan productos, se mueven hasta la otra punta de la ciudad para comprar un ingrediente necesario para cocinar una receta en especial o encargan a todos los que vienen de su país lo que le falta para completar la despensa con sus “cosas de la tierra”.

Yo la verdad es que no estoy en este grupo. Primero porque cuesta un poco estar de un lado a otro buscando tiendas especializadas dónde se puede encontrar la comida típica. Y segundo porque me gusta probar comidas nuevas, y creo que conocer la cocina de un sitio es parte de la integración en su cultura. Pero yo también tengo mis momentos en que, con mucha ilusión, me pongo a cocinar mis platos favoritos (o una adaptación de ellos, con los ingredientes que encuentro). O bien voy a restaurante brasileños.

En Madrid, ya he estado en un bar brasileño (con música en directo, caipirinha especial y partido de futbol en directo), en un restaurante barbacoa (la especialidad del sitio es la picanha, una carne muy típica de Brasil echa a la parrila o en un espeto – un pincho que gira) y en otro restaurante cerca de la Plaza Mayor.

Como mi objetivo aquí no es hacer publicidad gratuita de los sitio, me detendré en enseñaros un par de fotos que he sacado en uno de estos restaurantes:

"Feijoada"- Guiso de frijoles negros acompañados de arroz blanco, torrezno, berza, farofa y naranja.

Este que la parte inferior de la foto, que se parece a una croqueta, es la famosa "Coxinha de Galinha" (croqueta de pollo), muy típica de las fiestas y cocktails.

La lata de refresco es de "Guaraná", echa (además de todas las cosas artificiales que llevan todos los refrescos del mundo) de un fruto típico de allí.


"Picanha"
- Carne a la brasa con patatas y farofa.

"Farofa"
- según la Wikipedia, acompañamiento tradicional y típico de la cocina brasileña cuyo ingrediente principal es la harina de mandioca (farinha de mandioca) o la harina de maíz (farinha de milho).




Hay muchas cosas en Brasil que hay que cambiar, pero nuestra cocina es, además de bastante diversificada, muy, muy rica. Si nunca has probado la comida Brasileña, ¿por qué no te animas?

lunes, 2 de febrero de 2009

Idiomas

Yo, cuando era niña, pasé por lo que pasaran la mayoría de mis amigas de clase media-alta de Brasil: fui a una academia de idiomas a estudiar inglés. La verdad es que yo empiece a estudiar más tarde que ellas, a los 11 años – con esta edad, muchos conocidos ya llevaban un par de años estudiando un segundo idioma. El tema es que hoy veo la real importancia no solamente de estudiar, sino de dominar como mínimo un según idioma además de la lengua materna.

Creo que uno no se dedica a aprender o a perfeccionar otras lenguas hasta que le haga falta de verdad. Quien ya ha estado en un país extranjero y se ha dado cuenta de que no sabía decir una cosa sencilla en un momento importante sabe de lo que estoy hablando. A mí me pasó por ejemplo cuando salí al mercado sola por primera vez en España, y no sabía como decir la palabra “bacon”…
Actualmente trabajo en una empresa de RRHH, y tengo contacto diario con personas de distintas nacionalidades. La mayoría de ellas habla como mínimo dos idiomas, pero la gran parte habla tres, cuatro o hasta cinco idiomas. ¡Vaya! Confeso que me quedo con envidia…


Con las pocas viajes que he hecho por el mundo, me he dado cuenta de que dominar (o casi) un idioma es abrir una puerta a toda una cultura, a la gente, a conocer más de cerca lo que se pasa en otro lugar. Alguien podría decir que se puede conocer muy bien a un sitio y a una cultura sin hablar el idioma local, pero yo tengo mis dudas. La manera como uno se hace parte del medio cuando habla la misma lengua es más fuerte, más personal, con menos barreras.

Me siento muy contenta cuando, más que hacerme comprender en otros idiomas, puedo establecer conversaciones realmente interesantes, sobre diversos temas y con distintas personas. No se me olvida la sensación de superficialidad que tenía tanto cuando llegué a España como cuando me fue a vivir a Irlanda y intentaba sacar un tema de conversación: aunque yo tenía mis opiniones y puntos de vista muy claros, no sabía las palabras y los términos adecuados para expresarlos, así que hablaba poco, de manera superficial y con ideas generales. Felizmente ya he superado esos momentos que fueran una mezcla de frustración y sensación de no pertenecer a donde estaba.

Lejos de creer que ya sé todo, sigo estudiando, vendo películas en otros idiomas, viajando y buscando oportunidades para practicar idiomas. Incluso me arriesgo a escribir este blog en castellano, que no es mi lengua materna, a pesar de los errores y fallos que sé que puedo cometer. Los idiomas son como casi todo en la vida: cuando más se practica, más se aprende…

miércoles, 21 de enero de 2009

Dudas de la vida

Ayer quedé para tomar algo con una amiga muy especial que nació en Madrid, pero la he conocido en Irlanda. Es especial porque, además de nos llevarnos bastante bien, ella vive hoy una situación por la cual he pasado hace poco: tener dudas importantes sobre el rumbo que dar a su vida.

Creo que todos, en algún momento de la vida, se han cuestionado sobre las decisiones que han tomado, las relaciones dejadas para tras, los cambios significativos y sus implicaciones. No quiero ser demasiado filosófica: lo que digo es que mi amiga tiene dudas hoy, así como yo he tenido hace poco, y como, muy probablemente, volveré a tener dentro de nada.Siempre que vuelvo a mi país de origen me surgen las dudas: veo a mis familiares, a los amigos que siguen allí y que han construido sus vidas, y se me hace imposible no hacer comparaciones y cuestionarme a mi misma. Veo los cambios por los cuales han pasado mi antigua calle y barrio, y me pregunto si yo todavía quepo allí, o si todo aquello se quedó pequeño… Cuando uno se cambia de país, “se entrena” en otros ambientes, hace nuevas amistades y amplia su abanico de referencias, las dudas se hacen más grandes…

Yo comentaba a mi amiga que somos parte de un porcentual muy pequeño de la sociedad mundial que podemos eligir. Elegimos en que país vivir, en que idioma comunicarnos, con que amigos salir y otras pequeñas-grandes elecciones que hacemos a cada instante, pero que no nos damos cuenta de lo importante que son. Si, eligir puede ser muy complicado, especialmente si tenemos muchas (y buenas) opciones. Pero peor que eligir es no tener la oportunidad de hacerlo.
Estoy contenta con las elecciones que he hecho de momento para mi vida. Quizás dentro de algún tiempo me entren ganas de cambiar algo: quizás de país, quizás de ropa. Pero siempre hay tiempo de reflexionar, escuchar al corazón, y seguir un nuevo camino.
Hay que arriesgarse para ser feliz, y eso es para pocos…

martes, 20 de enero de 2009

2 días y medio en Milán

Felizmente, el tiempo ha colaborado con nuestro viaje a Milán, y la nieve que cayó en Madrid solamente 3 días antes no ha dado más “señales de vida”. Así que salimos en nuestro vuelo poco después de las 6 de la mañana, y aterrizamos en Bergamo sobre las 8h30min. Desayunamos algo ligero y cogimos un autobús rumbo a Milán (tardaríamos 1h, pero hubo atasco, y tuvimos que añadir 30min más).

Se veía la nieve por las calles y tejados de las casas, pero ya no nevaba. Dejamos las cosas en el hotel – que estaba muy bien situado a cerca de 10 min caminando del centro – y salimos para un primer acercamiento a la ciudad.El inicio del paseo no podría ser otro que no el Duomo, la famosa catedral gótica de Milán y la una de las más grandes del mundo. En la Plaza del Duomo, dónde está situada, compartimos sitio con miles de palomas, turistas como nosotros sacando fotos y vendedores ambulantes de pulseras – no sé quines me molestaban más: si las palomas volando muy cerca de my cabeza y los pesados que intentaban venderme pulseritas feas…El siguiente destino fue un paseo por la Galería Vittorio Emanuele, una especie de centro comercial pijo, con tiendas caras y techo bonito. La verdad es que la galería impresiona por su aspecto imponente, aunque ni de broma me plantee comprar nada allí, por lo caro que me saldría.Milán es una ciudad cara: se nota por el nivel de las tiendas, hasta los detalles más pequeños (un imán de nevera cuesta unos 4€ - en Madrid se puede encontrar varios por casi la mitad). Nos ha costado un poco comer bien allí: con la ilusión de que “los restaurantes italianos en Milán van a ser todos buenos”, nos metimos a comer en un sitio para guiris, que al final ha salido la comida más cara y la peor (la pizza sabia menos que aquellas compradas en el super…). Menos mal que, en la última noche, cenamos en un sitio estupendo que estaba justo al lado del hotel (la moraleja: no pierdas tiempo buscando muy lejos, porque puede haber algo muy bueno a tu lado…).

Además del Duomo y de la Galería Vittorio, hay poco más que visitar en Milán. La ciudad no es especialmente bonita, y tiene fama incluso de ser la más fea de Italia – ahora que ya he estado allí puedo decir lo mismo con más propiedad… Resta la visita al Castillo, que es bastante bonito, con su fuente delante y recintos guays para sacar bonitas fotos. No nos animamos a pagar la entrada para visitar el museo: la nieve que había por el suelo del parque, sumada a la música estilo Brasileño (algo como percusión) que sonaba en un chiringuito detrás del Castillo nos atrajo más la atención.Nos lo pasamos bien, pero Milán es una ciudad para conocer en poco más de 1 día. Ya he estado en sitios más bonitos, pero hay que conocer de todo para poder distinguir entre la bonito y lo feo, lo estupendo y lo normal, lo que merece la pena volver y lo que, con una visita, ya te basta. A lo mejor Milán se queda en la segunda categoría…

domingo, 11 de enero de 2009

Nieve y Milán

El viernes pasado, 09-01-2009, los que vivimos en Madrid nos sorprendemos con la cantidad de nieve que cayó sobre la ciudad.
Desde dentro de mi oficina, que tiene muchos cristales, me quedé mirando como caían los flecos de nieve, y como el suelo y los árboles se iban cambiando en blanco. El paisaje era muy bonito, y lo que más se veía era gente sacando fotos con los móviles o las cámaras – yo incluso, claro…
El problema fue el caos que se ha generado en la ciudad: carreteras cortadas, retraso en los trenes, clases canceladas, gente retrasada o que se ha resbalado por las calles… Además, tenemos que coger un vuelo a Milán el lunes a las 6 de la mañana, y considerando que el Aeropuerto de Barajas ha cancelado la mayor parte de sus vuelos el viernes y el sábado por la nieve y mal tiempo, me puse muy pendiente del cielo y preocupada con la posibilidad de no despliegue de mi vuelo…

Hoy, domingo, ha hecho sol. A pesar del frío, ya no nieva. Hay mucho hielo por los suelos y en el topo de los árboles, especialmente dónde no da el sol, pero espero sinceramente que al madrugar mañana rumbo al aeropuerto no seamos sorprendidos con el mostrados de los vuelos avisando que las salidas están retrasadas…
Este viaje a Milán fue un cholo: una amiga del trabajo me comentó que una compañía de bajo coste tenía billetes muy baratos para viajes entre semana, y me animé a mirarlos. Sinceramente, fue sin muchas expectativas, pero me quedé sorprendida con lo que encontré… Total: ¡dos vuelos ida y vuelta a Milán nos han salido a 55€! Por 27,5€ cualquier viaje se torna más interesante… Vale, el vuelo sale muy pronto, y no podemos facturar equipaje, pero para 3 días que nos va durar el viaje no pasa nada.

Así que ahora me toca hacer la mini-maleta, y acostarme pronto. Os contaré dentro de poco cómo nos ha ido el viaje. See you…