sábado, 29 de noviembre de 2008

Vuelta al mundo en un año

¡Es fantástico tener amigos de todas las partes del mundo! La diversidad de cultura, la mezcla de costumbres, las historias, todo eso me parece increíble… Me siento privilegiada por conocer tantas personas especiales de diversos cantos del planeta…

Uno aprende mucho cuando empieza a viajar y a conocer gente. Aprende el valor de la verdadera amistada, aprende lo que es tener lejos a la familia y dar soporte a los que están en la misma situación, aprende a donarse a si mismo y estar abierto a todas las cosas buenas, divertidas y significativas que pueden pasar cuando dejamos de lado (por lo menos parte) de nuestros prejuicios y egoísmos y nos abrimos al nuevo.
Me alegra mucho poder compartir las aventuras de mis amigos “internacionales”… Ahora mismo tengo una amiga de Francia que, juntamente a su novio de Nueva Zelanda, están de viaje haciendo, como llaman ellos, la “vuelta al mundo en un año”. Los he conocido en Irlanda, y ahora acompaño sus viajes por e-mail y por fotos - ¡y qué fotos!
Ellos han ahorrado dinero por algún tiempo, y se han permitido un “año sabático” conociendo los lugares que siempre han querido conocer. Llevan desde octubre cargando la mochila en la espalda, y de momento ya han estado en Nepal y en India. Me entra un misto de alegría (por ellos) y envidia (por mi), porque esta experiencia tiene que ser algo increíble…

Yo, mientras mis ahorros no me permitan coger la mochila y partir para un viaje alrededor del mundo, seguiré esperando ansiosa por más e-mails y fotos de estos viajeros y de tantos otros que comparten comigo sus vidas y a los que puedo llamar “amigos”. Total: es muy bueno tener amigos por todo el mundo…

domingo, 23 de noviembre de 2008

Postales

Las memorias de los viajes son algo muy personal y van más allá de las fotos, regalos y videos. Pero cuando salgo de viaje, además de los recuerdos, también me gusta tener algo en concreto, algo que yo pueda ver y recordar los sitios en que he estado. Y en mis viajes también me gusta hacer sentirse especial aquellos que son especiales para mí.

Ahí entran en cena las postales…

No sé exactamente cómo ni en que viaje, pero una vez tuve la idea (no muy original, ya lo sé) de enviar una postal desde un sitio en que estaba viajando a mi familia. Y la verdad es que el resultado ha sido muy bueno: ellos se quedaran muy contentos e ilusionados. Desde entonces, intento enviar una postal a algunas personas especiales desde cada sitio que voy.

Enviar una postal es algo barato (tienes que invertir en el coste de la postal y del sello) y que no toma mucho tiempo (tardarás el tiempo suficiente para escribirlo y encontrar un buzón de correos para echarlo). Pero a la vez, es un detalle bonito y muy personal (fue escrito y pensado especialmente para su destinatario). Así que tengo la intención de seguir viajando por el mundo, y enviando postales desde distintos sitios…
El feedback que recibí de las personas que recibieran mis postales fue la parte decisiva para que yo siga con el hábito de enviar postales. Mi abuelo, que está con 81 años recién cumplidos, no cansa de agradecerme “por acordarme de él a cada sitio que voy, porque siempre de envío postales de lugares muy bonitos”. Un detalle: siempre que lo menciona veo sus ojos llorosos y la voz compungida…

Casi siempre, además de enviar, compro y colecciono algunas postales. Hay ángulos y perspectivas que ninguna foto consigue retratar mejor que una postal. Pero lo que yo colecciono de verdad son pins. Tengo una chaqueta vaquera llena de ellos…
Y ahora tendré que dejarlos, porque tengo algunas postales que escribir…

sábado, 15 de noviembre de 2008

Hora de la siesta

Quien vive en España, o por lo menos ya ha estado por aquí de paseo ya esta acostumbrado a la famosa “hora de la siesta”. Pero a uno que viene por primera vez a cualquier ciudad de este país seguro que le parecerá como mínimo curioso ver a las tiendas cerradas a medio día y las calles bastante más tranquilas por cerca de tres horas. A todo se acostumbra, pero que la siesta es algo interesante y gracioso, sí que lo es.

Esta costumbre Española de, en teoría, descansar algunas horas después de comer es antigua, y ha sufrido cambios. La mayor parte del comercio cierra a medio día, pero sí que se puede encontrar una o otra tienda abierta. Algunas empresas siguen tomando la siesta en serio, y sus trabajadores tienen un “descanso involuntario” en la mitad de su jornada laboral (los más perjudicados son las personas que viven lejos de dónde trabajan, porque no les da tiempo de ir a casa, y tampoco pueden adelantar muchos temas personales, una vez que muchos centros están cerrados). Otras empresas, especialmente las multinacionales, hacen un descanso a medio día de una hora, dejando la siesta de sus colaboradores para el fin de semana.

Ya que admitir: tener la posibilidad de “pegar una cabezadita” después de comer recarga las energías, da ánimo y motivación para seguir con las tareas diarias. Por otro lado, hay gente que pasa olímpicamente de la siesta, o bien porque la considera una pérdida de tiempo, o porque se queda todavía medio dormido mucho tiempo después de despertarse, así que mejor no dormir.

Personalmente saco provecho de la siesta en verano, cuando las calles del centro de Madrid están herviento, y quedarse en casa o en un sitio tranquilito es la mejor opción. Pero hay países en que hace mucho más calor que en España y no está instituida la siesta (como en Brasil, por ejemplo).

Con el paso del tiempo te acostumbras, y empieza a hacer planes teniendo en cuenta la hora de la siesta. Ir al supermercado, salir de compras o pasar por el estanco: todo esto y mucho más no puede coincidir con la “sagrada siesta”. Lo gracioso es observar a la gente que todavía no ha inserido a siesta en sus planes diarios, y que por ejemplo se pone a dormir delante del escaparate de una tienda a medio día (la tienda estaba cerrada, claro), para hacer tiempo hasta que se abran los sitios y pueda seguir con su visita turística (esto es un caso real).

Me comentaba una amiga que, cuano era pequeña y iba a la escuela, ella y sus compañeros de clase llevaban sus mantitas para echar una siesta después de comer. La escuela tenía sus colchonetas y almohadas ya preparadas, y echar la siesta en el cole era algo tan normal como tener un horário para ir a clase, hacer las tareas de casa y llevar el uniforme. A mí ¡echar la siesta ena la escuela me parece lo más raro del mundo!

Tan “curioso” como la siesta es la costumbre Española de cerrar sus establecimientos en verano. A casi ninguno español le parece raro ver a un bar, tienda o restaurante cerrado el pleno mes de agosto, con un cartelito hecho a mano pegado en la puerta, que dice “estamos de vacaciones”. A ver: vacaciones y verano hay en todos los sitios, pero la gente se turna y los locales siguen funcionando.

A todo se acostumbra, pero aún así algunos hábitos españolas no dejan de ser graciosos…

lunes, 3 de noviembre de 2008

Organizando un viaje

Prepararse para un viaje es algo muy personal: hay desde las personas que se tiran días planeando todos los detalles, sitios a visitar, horarios de visita, costes y rutas, y otros que prefieren eligir todo sobre la marcha, caminar sin destino, dejarse llevar por el momento. Yo estoy en el medio de las dos cosas: planeo buena parte del viaje, pero siempre dejo abierta la posibilidad de que el sitio y su gente me sorprendan.

Hay puntos que considero indispensables antes de hacer un viaje:

Definir el medio de transporte en que se va a viajar – Sea en autobús, tren, coche, avión, etc., hay que mirar los billetes o la ruta con alguna antelación. Es verdad que en las compañías aéreas, muchas veces, hay ofertas de viaje de ultima hora, pero en la mayoría de las veces comprar los billetes con antelación significa ahorro.
Definir algunos puntos turísticos a visitar – Una visita a la Oficina de Información Turística es una opción sin costes y muy interesante para enterarse de los eventos que pasarán en la ciudad en los días en que estarás allí, como conseguir bonos de descuentos, informarse sobre buenos restaurantes o como mínimo coger un mapa de la ciudad. Una guía turística también puede ser un buen entretenimiento antes, durante y después del viaje (por ejemplo, para acordarse de los nombres de los sitios visitados).
Hacer una estimación de gastos – Siempre hay alguno gasto extra que se nos escapa, una compra no planeada o la decisión de darse un capricho, pero es conveniente saber más o menos cuanto uno puede gastar en un viaje, tener pasta en efectivo para los sitios que no aceptan tarjetas y guardar el dinero y tarjetas en sitios distintos para evitar perdidas y sorpresas desagradables.
Mirar la previsión del tiempo en el sitio de destino – Aunque yo no me fíe 100% de la previsión del tiempo, tener una idea de que temperatura va hacer puede ser muy importante a la hora de definir las ropas y calzados a llevar, y también que tipo de actividad priorizar (actividades en sitios abiertos, como parques, o en sitios cerrados, como en museos). Salir de última hora en el medio del viaje a comprar un abrigo puede significar dejar de conocer algún sitio interesante y también un gasto no planeado.

Total: lo importante es pasarlo bien, ocupándose lo necesario antes del viaje para que los días de vacaciones sean lo más agradable, relajado y inolvidable posible. Ah, y ¡no se te olvide sacar muchas y muchas fotos!

lunes, 27 de octubre de 2008

Cosas que no pueden faltar en la maleta

Todo viaje empieza con hacer la maleta. Unos la hacen 20 minutos antes del viaje. Otros, como yo, empiezan días antes a pensar en como hacer caber “solamente lo indispensable” en este precioso, pero limitado, espacio llamado "bolso de viaje"…

Sé que ya he mejorado mucho, disminuyendo considerablemente el tamaño de las maletas y su contenido, pero reconozco que todavía sigo cargando más de lo necesario. Los hombres, en general, son más objetivos y prácticos a la hora de preparar las maletas, pero nosotras estamos preparadas para todas las situaciones (frío, lluvia, calor extremo, cena de lujo, etc.) que se nos pueden presentar – bueno, o por lo menos a “casi” todas…

En mis viajes ha aprendido que hay cosas que no se pueden olvidar a la hora de hacer las maletas. A ver si vosotros estáis de acuerdo conmigo…

Cámara de fotos –Lo que quedan de los viajes, además de la memoria, son las fotos. Además, uno puede sacar cuantas fotos quiera (yo ya saqué casi 200 en un finde…). Si puedes adquirir un trípode de estos pequeños que no ocupan mucho espacio ni son pesados, estupendos, porque el resultado en las fotos sí que se nota.













Cosméticos – Aunque vaya a un hotel algo lujoso, prefiero llevar siempre lo que pueda necesitar (ya estuve en hoteles de tres estrellas que han dejado mucho que desear en lo que han dispuesto en la cesta de la repisa del baño). Cuando voy a un hotel bueno, cojo aquellos botecitos pequeños de champú, y los “reciclo”, utilizando en viajes posteriores. Así ahorro espacio, no cargo demasiado peso y llevo encima buenos productos (los mismos que utilizo en mi casa), si por si acaso…


Los 3 más – Da igual la estación del año o la previsión del tiempo: yo siempre meto en la maleta un paraguas, un abrigo y el bikini. Uno nunca sabe si alguno de ellos te va a hacer falta…


Libro o revista
– Siempre hay un hueco, por más entretenido o corto que sea el viaje, para leer algo. Puede que sea en el aeropuerto, en el autobús (si no te mareas) o mismo en el hotel, por la noche, antes de acostarte.

Mochila – Los viajes son uno de los pocos momentos en que utilizo mi mochila,
pero si que merece la pena. Las mochilas son más cómodas de cargar, el peso se distribuye igualmente por la espalda, las manos se quedan libres y te caben todo, incluyendo la botella de agua, el bocadillo y el abrigo cuando hace calor.

Abrigo gordo – Excepto en verano, siempre llevo un abrigo gordo. Puede que no lo utilice, pero mejor tenerlo que sufrir su ausencia… Si lo llevas en la mano, ahorras espacio en la maleta, no lo aplastas demasiado y además estás preparado para cualquier cambio súbito de temperatura.

Pero ¿qué tipo de maleta llevar? Bueno, cada uno es hijo de su padre y de madre, así que esta elección es muy personal. Yo ya he hecho la mía: cualquiera que tenga ruedas. La comodidad es esencial.Ah, y no se te olvide dejar un pequeño espacio para pequeñas compras y regalitos que puedan ser incorporados a tu equipaje…

miércoles, 22 de octubre de 2008

Curiosidades

Eso de vivir en distintos sitios te permite pasar por muchas situaciones graciosas. Puede que sean tonterías, pero se puede echar unas risas con ellas. Compartiré algunas con vosotros…

Hoy leía en un periódico consejos para ahorrar energía y dinero con la calefacción en el invierno. Uno de ellos mencionaba poner burletes en las puertas, para evitar la entrada del aire frío. En Brasil, por lo menos en la gran parte de las ciudades, como hace bastante calor todo el año, los burletes sirven para evitar la entrada de cucarachas y otros insectos…


Cuando vivía en Irlanda, fue a una de esas tiendas de animales para comprar un pez, y me llamó la atención que los piececitos que había tenido yo en Brasil allí eran considerados “peces de agua caliente”… En Brasil, lo único que hacía era sacar el agua directamente del grifo y llenar el acuario…


¿Navidad es sinónimo de frío? ¡Qué va! En Brasil la celebramos a 40 grados de temperatura, con el aire acondicionado a tope, disfrazados de Papá Noel (imagina el calor que hace con toda aquella ropa) y comiendo cosas como pavo, frutos secos y otras cosas muy ricas.


¿Celebrar el día de Reyes? En Brasil el 6 de enero en un día normal, cómo otro cualquier (bueno, mi madre decía que el día de reyes era la fecha para recoger los adornos de navidad de la casa y desmontar el árbol). No se cambian regalos, y los regalos más gordos, caros e importantes se entregan en Navidad.

Hay muchos detalles y curiosidades más, que escribiré en otro post.

domingo, 19 de octubre de 2008

Mi lugar especial

Como dice la expresión “Cada uno es de su padre y de su madre”, cada persona es muy distinta de la otra. Y ¡qué bien que la gente es así! Cada uno valora el mundo a su manera, y lo que es especial y muy valorado para una persona puede ser la cosa mas ordinaria para la otra… Con los sitios que conocemos y las ciudades en que vivimos pasa lo mismo.

A veces no es algo totalmente conciente, pero normalmente hay una calle en la ciudad, una esquina, un sitio con una vista única, una comida o un puente que significa mucho para nosotros. Me refiero a un sitio en que nos sentimos bien, completos, ligeros, con las energías recargadas o mismo emocionados. Es algo mas que el sitio en si mismo, es una mezcla de sentimientos y de experiencias que solamente uno mismo puede explicar. O intentarlo, por lo menos…

Con esto de cambiarme de ciudad y de país algunas veces, aprendí a reconocer y a valorar estos sitios especiales que me hacen también. Sitios en que puedo ir cuando estoy triste, cuando necesito tomar una decisión seria, cuando estoy sola, cuando quiero relajar o leer un buen libro. Y, casi 100% de las veces, cuando salgo de allí, me siento mucho mejor do que cuando he llegado…

Yo no consigo definir mi “sitio especial” en poco tiempo. Esta definición es algo que se construye con el tiempo, que pasa sin que yo me de cuenta, hasta que un día siento con seguridad que tengo un sitio más para refugiarme. Y cuando estoy segura de dónde están mis sitios especiales, puedo compartirlos con vosotros…

En Brasil, no haya nada para mí como sentar en la arena de la playa sobre eso de las cinco de la tarde. Es cuando todavía hay sol y claridad, pero ya no hace tanto calor y la temperatura se vuelva muy agradable. Cómo las playas en general son muy bonitas, puede elegir varias para sentarme y pasármelo bien. Llevo un libro, y mezclo su lectura con miradas al mar, a la gente que pasa o se ejercita en la arena, a los aviones en el cielo, todo eso al sonido de las olas del mar. Cuando oscurece, me levanto y me voy, pero con la seguridad de que voy a volver pronto…
En España, me encantar “perderme” y descubrir nuevas sorpresas en el Parque del Retiro, en Madrid. Sé que hay otros parques y zonas verdes, pero ninguna más especial que esta. Una vez cogí un mapa del parque para ubicarme mejor, pero enseguida lo tiré a la basura: la mejor parte es seguir sin rumbo, explorarlo cómo se fuera la primera vez que camino por entre sus árboles, parar cuando quiero, seguir hacia algo que me llama la atención o leer un libro en un banco (tengo mi banco favorito, pero a veces cambio). Ya estuve muchísimas veces en El Retiro, pero tengo la sensación de que nunca llegará el día en que yo pueda decir que ya lo he explorado totalmente y que ya no hay nada que me sorprenda allí…
En Irlanda (Kilkenny) tengo dos sitios especiales. Puedo poner la excusa en el mal tiempo que hace allí y en la lluvia que es una compañía casi constante: un sitio es cubierto, y el otro es descubierto.
Si llueve o hace demasiado frío o viento, me encanta sentarme en la segunda planta de un café situado en una de las calles principales del centro, pedir un café con leche y esponjitas de golosina, leer un libro a la vez en que me entretengo con las miles de piezas antiguas de decoración del sitio… La gente va y viene dentro y fuera del café, y yo me puedo tirar horas y horas allí, pues me lo paso genial…

Si el tiempo ayuda, un paseo por el Parque del Castillo para que me de
un poco el sol, sentarme en uno de sus bancos y mirar el paisaje, ver a lo niños jugando o leer un libro es un programa más que especial. El contacto con la naturaleza revisora, y la sensación de bien estar es casi inmediata.

Y tú, ¿ya has descubierto tus sitios especiales?