viernes, 3 de junio de 2011

India (continuación...)

(Continuación...)

En relación a las comidas, antes de ir a la India yo pensaba que allí se comían insectos y otras cosas raras, pero la comida en general es bastante normal y rica, aunque muy picante. Yo estaba acostumbrada a la comida India que ya he probado en Irlanda y en Madrid, y he comido diferentes platos que no pican, pero allí es impresionante como todas (¡todas!) las comidas pican. Esto es algo cultural, e incluso los niños comen comida picante. Cuando decía que no me gustaba la comida que pica, me recomendaban comer comida china o japonesa, porque la comida de india, según ellos mismos, siempre pica.


Por supuesto en India no se come carne de vaca, ya que es un animal sagrado para los hindúes, pero por lo demás se come de todo: pollo, mariscos en general, cerdo, verduras, arroz, pasta, etc.


Cuando ponen la mesa, utilizan siempre un tenedor y una cuchara, no cuchillo. La comida india es normalmente preparada en trocitos, y la verdad es que no hace falta el cuchillo. Además, los nativos comen directamente con la mano derecha (por motivos religiosos se le considera la “mano pura”), y me costó acostumbrarme a comer sin el cuchillo... La gente dedica mucho tiempo a la comida y a disfrutar de un largo almuerzo con los amigos – estuvimos 3 horas en un restaurante, comiendo y charlando, y eso es típico allí.


Igual que los brasileños viajan normalmente por Sudamérica, y los europeos por Europa, los que viven en India normalmente viajan por Asia, y conocen todos los países de la zona. He almorzado un día con una pareja de médicos de Mumbai, quienes me han hecho diversas preguntas sobre Brasil, tales como: cual es la temperatura allí, como es la economía, ciudades turísticas para conocer, postres típicos, etc. Preguntas así de sencillas, pero que ellos no conocían sobre Brasil – igual que yo apenas sabía nada sobre India antes de irme de viaje... Son realidades muy distantes…


En India hace muchísimo calor, y como el clima es húmedo, estás sudando todo el tiempo. Llegué al aeropuerto de Goa a las 3:30 de la madrugada, y hacía 29 grados Celsius… Hay mucha pobreza en India y no todos tienen agua en casa, pero motocicletas si. Es común ver a tres o cuatro motos aparcadas en cada casa, ya que es un medio de transporte barato y muy popular.


Como Goa es la parte “europea” de India, hay una gran mezcla de personas, formas de vestir y costumbres. Para que os hagáis una idea, yo estaba en la piscina usando un mini bikini brasileño, y varias mujeres de allí nadaban a mi lado con un tipo de bañador de lycra de manga larga y pantalón largo, además de usar gorro de baño.  En la misma piscina, unas al lado de otras…


Una cosa curiosa que gente que ya habían estado en India me habían comentado, y que luego he podido comprobar: los nativos hacen frecuentemente un extraño movimiento de cabeza. Es algo así como cuando hacemos un gesto de “más o menos” con la cabeza, pero que puede ser utilizado tanto para expresar el sí como el no, y se utiliza con mucha frecuencia. He intentado hacer este movimiento de cabeza algunas veces, pero me he mareado – ahora, después de entrenar un poco más, ya se me da mejor…


Me quedo con las ganas de conocer a la India “real”, que es como algunos llaman las demás partes de India. No he visto elefantes por las calles ni nada parecido, así que tengo pendiente volver a otras partes de India… Me encantaría volver a mezclarme en los colores de India nuevamente… ¡espero no tardar en volver!


jueves, 2 de junio de 2011

India

El primer país de Asia que he visitado fue India, más específicamente el estado de Goa. Esta región fue colonizada por los Portugueses durante 400 años hasta hace 40 años, y todavía se nota mucha influencia portuguesa y europea (por ejemplo, en la construcción de algunas casas e iglesias). La parte norte de Goa es la zona más movida,  donde está la vida nocturna,  el sur es más tranquilo.


Algunas personas que han estado en otras partes de India dicen que Goa no es “la verdadera India”, ya que es muy diferente del resto del país, al estar muy “europeizada”. De hecho, muchas personas nativas tienen  nombres de origen portugués, como “Menino DCosta”, Sebastiao Boni Fernandes, Fabio Fernandes, Aleixo Carvalho, algunos incluso tienen la ciudadanía lusitana, pero no hablan nada de portugués. Lo que no han perdido es la apariencia india característica: piel marrón oscura, ojos y pelo muy negros.


La religión principal en India es el Hinduismo, pero en Goa hay muchos católicos. Aún así, muchas mujeres se visten con el Saari – 5 metros de tela, generalmente muy coloridos, que se ponen envolviéndolo por el cuerpo, lo prenden en la ropa interior y lo usan con una camiseta por debajo.


Otra ropa típica para las mujeres es el Kurta, un tipo de bata que puede llegar hasta la rodilla o la cintura, de manga larga o manga corta, que se usa con pantalón largo y con una bufanda ligera a juego.


Según me han comentado allí, las mujeres hindúes casadas utilizan un “tercer ojo rojo”, es decir, un círculo rojo entre los ojos justo por encima de la nariz. Si una mujer utiliza el “tercer ojo” de otro color, es más por estilo que por cualquier otro motivo. Los niños pequeños suelen llevar un círculo negro en algún punto de la cara con la función de “espantar el diablo”. Además, se pintan de negro la raya de los ojos “para alejar a los insectos” y porque “es bueno para la vista”.


En Goa, los cortes de luz son muy comunes cada día. Normalmente son cortes breves que duran apenas 30 segundos, pero que ocurren con mucha frecuencia (he llegado a presenciar cuatro cortes de luz en menos de 30 minutos). En el hotel en que me alojé había un generador potente, de manera que los cortes no me afectaban demasiado. Lo malo fue que me quedé atrapada en el ascensor del edificio en que estaba trabajando, por culpa de un corte de luz que duró por lo menos unos 5 minutos – con el calor que hacía, y en un espacio tan pequeño, os puedo asegurar que fue una de las peores experiencias del viaje…


La piscina del hotel

*** Más detalles sobre mi viaje en el siguiente post.

domingo, 29 de mayo de 2011

Atenas - Grecia

Atenas fue la última parada del crucero. En el centro de la ciudad, sientes que podrías estar en cualquier parte de mundo: hay muchísima gente yendo de un lado a otro, diferentes nacionalidades y varios idiomas a la vez. Hay puestos montados en la calle dónde se vende comida, souvenirs (típicos de Grecia) y regalitos (muchas cosas de China, África e India).


Mi hotel estaba muy cerca del Partenón, y pude ir caminando. El templo está en lo alto de una colina, y puede ser visto desde diversos puntos de la ciudad. Hay que caminar un poco para llegar hasta la cumbre, y el camino es todo de piedras que a veces resbalan, así que calzado cómodo es fundamental.


Además del Partenón, hay mucho que ver en la Acrópolis de Atenas, es decir, en la parte alta de la ciudad: el Teatro de Dionisio, el Erecteión (otro templo griego), la colina de Filopapos y más. 



Si no vas con una excursión, no estaría mal llevar una guía de bolsillo para, además de disfrutar de la vista, sacar buenas fotos y aprender un poco de la historia de todas aquellas ruinas.  La vista desde arriba es genial, porque puedes ver toda la ciudad.


Como en todos los lugares en Grecia en los cuales he estado, había muchísimos turistas en todos los lados, y sacar una foto en que no saliera algún desconocido cerca de mí se convertía en toda una aventura… Hacía bastante calor, y todos los bares y restaurantes con terraza estaban llenos. 


Para comer, pedí ensalada griega (tenía que probar la ensalada griega "hecha en Grecia", pero la verdad es que sabe igual a todas las demás “ensaladas griegas” que he comido antes…), salsa griega hecha con yogurt y pepino, y una brocheta de pollo con pan típico, todo eso acompañado de una cerveza local.


No he pasado mucho tiempo en Atenas – de hecho, me quedé desde la hora de comer de un día hasta la mañana del siguiente – pero para el poco tiempo que he estado considero que lo disfruté bastante bien. No me importaría volver con más tiempo, y conocer más detalles de esta ciudad tan antigua, tan llena de historia. Me lo apunto para un próximo viaje…




viernes, 27 de mayo de 2011

Santorini - Grecia

Otro de los sítios que he conocido haciendo el crucero fue Santorini, en Grecia. La isla tiene el mismo estilo de casas que en Mykonos, pero las de allí están construidas en las partes más altas. Desde el barco, se ve una línea blanca sobre la roca, y cuando te acercas un poco más te das cuenta de que son las casas.


 Como Santorini es una zona volcánica, el barco debe bajar el ancla despacito para evitar los volcanes. Nuestro navío tuvo que atracar en alta mar, y cogimos una lancha pequeña para acercarnos a la isla. 



La propia isla de Santorini está sobre un volcán activo, que con mucha frecuencia se despierta. La guía de la excursión nos comentaba que todo allí es muy seguro, y que hay mucha gente en la isla que se dedica a estudiar los movimientos sísmicos y avisar con antelación en caso de que vaya pasar algo gordo. Pero luego la misma guía nos comentó que creía que en la noche anterior había sentido un ligero temblor de tierra mientras dormía…


Se pueden sacar unas fotos muy buenas desde la parte alta donde están la mayoría de las casas. Las paredes blancas, tejados y ventanas azules, además de las cúpulas redondas azules son visibles desde casi cualquier punto de la isla. 



Al igual que en Mykonos, no faltan tiendas de souvenirs, bares y restaurantes por todos los lados.


Como la zona del centro es muy alta, fuimos en autobús visitando los lugares, y terminamos arriba del todo, cerca de las casas. Para bajar, había 2 opciones: alquilar un burro (he visto algunos de ellos subir y bajar por las estrechas calles con gente montada encima) o coger un teleférico que conecta la parte alta y la parte baja de la isla. 


A mí no me gustan especialmente las alturas, pero en situaciones como esta, no las puedo evitar. En fin, bajamos bastante rápido, y tengo que admitir que las vistas eran muy bonitas: de un lado el mar, y del otro las casitas de colores en lo alto de la roca… ¡Ha merecido la pena la visita!

jueves, 26 de mayo de 2011

Mykonos - Grecia

Mi trabajo esta vez me ha llevado a viajar a diferentes sitios, todos ellos nuevos para mí. Primero me ha tocado ir en crucero por las islas griegas, Venecia y Dubrovnick, para, a continuación, un viaje a Asia. Os lo voy contando en diferentes posts…


Una de las primeras paradas del barco fue Mykonos. Esta isla griega es conocida como la “Isla Gay”, y en temporada alta (mayo a octubre) la isla se llena de gente y se celebran muchas fiestas (vida nocturna intensa). A las 10 de la mañana la mayoría de los bares todavía no estaban abiertos, porque la isla funciona a toda potencia por la noche, no por la mañana. El barco atracó nos dejó en el puerto, que estaba muy cerca del centro  en autobús.


Hay tiendas de regalos, souvenirs y cosas para turistas en prácticamente cada esquina. Con la crisis económica en Europa y especialmente en Grecia, seguro que muchos de los ingresos vienen del turismo, y siempre hay turistas llenando las tiendas de souvenirs – comprar o no, es otro tema, pero por lo menos miran.


La isla tiene varias playas, pero en la fecha en que estuve allí (abril),  al no ser todavía temporada alta, hacía sol pero muchísimo viento. De hecho, los locales no recomendaban acercarse a la playa. Realmente, hacía muchísimo viento. Imagino que las playas son bonitas, ya que son bastante conocidas y destino de mucha gente en verano – marcha y fiesta por la noche, y playa durante el día.


Pasear por las calles de Mykonos con una cámara fotográfica es toda una experiencia. Las calles son en su mayoría estrechas, y las casas y construcciones hechas de piedra y pintadas de blanco. Las puertas y ventanas casi siempre son azules, como en la película “Mamma mía” (aunque fue rodada en estudio, se simulaban diversas localizaciones de Grecia).


También hay una zona con molinos de viento (que no falta allí) y varios bares muy cerca del mar – incluso es muy posible que te salpique agua de alguna que otra ola del mar. El olor a gambas a la plancha en los bares era muy rico. La isla es bonita, no demasiado grande, pero tiene su encanto. Tendré que volver algún día en verano, para experimentar la marcha de allí, y también bañarme en sus playas...



domingo, 19 de diciembre de 2010

¿Por qué has decidido irte a vivir fuera?

Es difícil, y también demasiado simplista intentar buscar un único factor que explique las cosas que nos han pasado. Por otro lado, sin duda hay eventos y situaciones que hemos vivido y que están muy conectados con los sucesos en nuestras vidas. Mi primer viaje al exterior está, de manera muy directa, relacionado con el hecho de que yo llevo casi 5 años viviendo en Europa…

Cuando estaba estudiando la secundaria en Brasil, se puso de moda ir a estudiar y a vivir fuera durante un año. Mucha gente que yo conocía se fue a Estados Unidos (la mayoría), otros a Canadá o Europa. Y a mí también me entraron ganas de irme a vivir fuera.

Primero intenté negociar con mis padres irme a vivir y estudiar por un año al extranjero, pero la contestación de ellos fue más o menos la siguiente: era demasiado caro, demasiado tiempo fuera de casa, y yo “no tenía madurez suficiente para hacerlo”. No me he dado por vencida, y realicé un segundo intento: irme a vivir – estudiar fuera por 6 meses, pero lo que me han dicho no se ha diferenciado mucho de la vez anterior… Al final, he conseguido que mis padres aceptasen que yo hiciera un intercambio de un mes cerca de San Francisco – California.


El cómo elegí irme a San Francisco fue algo curioso… Recuerdo que la persona que vendía los cursos (que había sido mi profesora de inglés anteriormente) fue a mi casa llena de catálogos de cursos y ciudades para que yo eligiera. Sencillamente, elegí a San Francisco por la letra de una canción que me gustaba mucho en la época, y que hablaba de una manera especial sobre esta ciudad – lo siento, pero llevo algunas horas intentando hacer memoria y acordarme de la canción, pero no soy capaz; la he buscado en Internet y todo, pero infelizmente no me acuerdo de cual era esa canción. Bueno, el hecho es que, en aquél momento, aquella canción (¡que algún día me acordaré de cual es!) fue el factor que me llevó a optar por irme allí…

Pues bien, a comienzos de Enero del año 1998, me fui a California con el típico grupo de 30 adolescentes brasileños. Me quedé un la casa de una familia americana (una “host family”) con dos niñas pequeñas y sus padres, y me lo pasé bastante bien. Los “padres” me llevaban de paseo los fines de semana, y no me acuerdo de haber tenido ningún problema.

Bueno, patinando en el hielo con los compis de las clases de inglés, me he caído y roto parte de un diente delantero (justo antes del fin de semana en que yo vería la nieve por primera vez un mi vida). Eso ya me había pasado antes - a los 7 años, me había roto la misma parte del diente, cuando he dado con la cara en el fondo de una piscina por intentar llamar la atención nadando, en la casa de un chico que me gustaba) – pero en aquél momento, lo único en que yo pensaba era en lo fea que iba a salir en mis fotos en la nieve y sin parte de un diente…


En líneas generales, el plan del intercambio era el siguiente: durante las tres primeras semanas, clases de inglés en grupo por las mañanas en un colegio de la zona, y paseos y actividades guiadas por las tardes. En la última semana, nosotros adolescentes nos despedimos de las “host familys” y nos íbamos con la guía brasileña (que nos acompañó durante todo el viaje) y con un guía local a pasear por Los Angeles. Hoy, cuando me acuerdo de esos dos guías, pienso que estaban completamente locos, porque responsabilizarse por un grupo de 30 adolescentes no es para cualquiera…

Fuimos a ver “El Fantasma de la Opera” (¡me encantó!), saqué muchas fotos (no en el teatro, porque estaba prohibido – saqué una foto antes de que comenzara el espectáculo y casi me han quitado la cámara) y llevé muchos carretes para revelar en Brasil. Yo no era la típica adolescente consumista (y felizmente tampoco lo soy de adulta), pero me compré una camiseta en Disneyland con el dibujo de Mickey y algunas otras cositas. Mis padres me han recibido en casa con un cartel de “Welcome back” pegado en la puerta y todo…

Pues nada, al volver a casa, empecé el último año de la secundaria, y me preparé de lleno para la selectividad… pero las ganas de irme a vivir fuera, desde entonces, no han dejado nunca de estar presentes… Todo eso, junto a una serie de otros factores, ha contribuido para que yo, ocho años más tarde, me viniera a vivir en Europa…

domingo, 28 de noviembre de 2010

Sobre la realidad de la vida a bordo

Lo siento por no haber escrito desde Septiembre… Es que me fui a Brasil nuevamente por trabajo, y estuve allí casi un mes seleccionando a los futuros tripulantes brasileños de los navíos de mi empresa. He trabajado muchísimo, pero no me quejo, porque volver a mí país, aunque sea a trabajo, es siempre bueno…

Como yo estaba en Brasil en el puente del 12 de Octubre (que es festivo en ambos países), me han dejado tomar estos 3 días libres. He podido ir a mi ciudad y estar con la familia. El tiempo con los míos fue muy corto – y las horas de vuelo para ir y volver muy largas, dadas las grandes distancias en Brasil – pero me lo pasé genial. No me ha dado tiempo de quedar con los amigos, ni de hacer grandes paseos por allí, pero he desfrutado lo máximo que he podido de mi familia.

Al cambiar el calor de Brasil por el frío de Madrid, sigo con el tema de los cruceros, y no dejo de sorprenderme cada día con las cosas que descubro…

Optar por trabajar en un crucero es – o por lo menos debería ser – una decisión muy bien pensada y estudiada, porque la vida se te cambia por completo. Estar de 6 a 8 meses embarcado, lejos de todo (de la familia, de los amigos, de tu casa, de los sitios que te gusta frecuentar, de la “comidita de mamá”, etc) no es para cualquiera. Es como dejar tu vida normal en stand by, y meterse de lleno en una nueva vida, como si fuera una vida paralela.

Yo que he estado en total casi 2 meses fuera de casa por trabajo ya he notado lo delicado que puede ser compaginar tu vida personal y profesional, imagina estar fuera por muchos meses más…

Por otro lado, todavía no me he deparado con nadie que haya embarcado y que no tenga muy buenos recuerdos de aquella época. Es unánime el comentario de que se madura mucho, se aprende a valorar aun más las personas queridas, tu tiempo libre y las amistades que hace. Trabajar en un crucero es sin duda una experiencia que te marca la vida para siempre…

Ayer y hoy he dedicado varias horas a leer blogs de tripulantes y de antiguos tripulantes. Me he puesto a buscar en Internet, y hay muchísima información, desde vídeos, orientaciones en general a los interesados, fotos, testimonios (algunos muy personales) hasta detalles de la vida a bordo bajo la mirada de quienes ya han vivido aquello “en la propia piel”.

Sin duda, la experiencia de cada un es singular, y lo que ha pasado a una persona no tiene porque pasar a la otra, pero informarse y saber dónde uno “se mete” es siempre muy válido. Además, los relatos que he leído en Internet son tan interesantes, intensos y reales, que muchas veces casi he llorado delante del ordenador…En mis entrevistas oriento a las personas que conozcan mejor la empresa y el tipo de trabajo para los cuales se presentan. En el caso de los cruceros, ese conocimiento previo es todavía más importante, porque vivir y trabajar en el mismo sitio durante tantos meses (y con una jornada de trabajo tan dura) es un cambio muy grande…

El mundo de los cruceros sigue creciendo. Y, para el que considere meterse en ello, recomiendo que se informe mucho sobre este campo. Yo lo estoy haciendo… ¡y me estoy enganchando!